La técnica del Esmalte al Fuego nació en Bizancio. Su base es el oro, la plata y el cobre. Los esmaltes, en realidad, son una clase de silicatos tratados para dar los distintos colores y transparencias, una vez han sido fundidos en hornos especialmente diseñados para ello y que llegan a alcanzar los 1200 grados de calor. El fuego es fundamental en este arte tan poco conocido.

El poder del fuego hace de este arte uno de los más imprevisibles y bellos. Los colores se mezclan, tienen vida propia, dando lugar a formas sorprendentes e irrepetibles e infinidad de imágenes que cada persona interpreta según su fantasía.